Compartir
Carolina de Mónaco, en zapatillas, durante el Baile de la Rosa

Dos expertas en moda debaten el estilismo de Carolina de Mónaco en el Baile de la Rosa, donde lució unas zapatillas

NO: Debía haber respetado «su» protocolo y no iba favorecida

Carolina de Mónaco, en zapatillas, durante el Baile de la Rosa
Carolina de Mónaco, en zapatillas, durante el Baile de la Rosa
Carolina de Mónaco, en zapatillas, durante el Baile de la Rosa
Carolina de Mónaco, en zapatillas, durante el Baile de la Rosa

Se equivoca Carolina dejando atrás todos aquellos atributos que le permitían realzar su natural belleza. Entre los recursos que Carolina ha manejado siempre admirablemente se encuentran los zapatos de tacónarma fetichista por excelencia y pódium de la esbeltez suprema. Es la mismísima Carolina de Mónaco la que prohíbe expresamente asistir con zapatillas de deporte al Baile de la Rosa, celebrado cada año en el Sporting Club de Montecarlo, propiedad de los Grimaldi. Revisemos el protocolo que hay detrás. Por más que nos encanta la moda de llevar zapatillas de deporte en muchas circunstancias del día, como mostraba el último desfile de Chanel con las modelos de compras en un supermercado, estas no son las normas de las noches de Mónaco. La mayor parte de los establecimientos prestigiosos de Mónaco pertenecen al Groupe Monte-Carlo S.B.M. (Société des Bains de Mer), propiedad de los Grimaldi. Ellos dictan las normas y el protocolo. Y siguiendo la «estela» de Gracia de Mónaco, que consiguió convertir un pequeño Principado en un lugar exclusivo, los Grimaldi insisten en guardar las formas.

Es por ello que al visitar el Casino de Montecarlo o incluso el Hotel de París, el código de vestido es muy estricto: son obligatorias la chaqueta y la corbata en la mayor parte de las zonas, mientras que las zapatillas de deporte están «expresamente» prohibidas. Si algún «turista accidental» español ha intentado entrar de tal guisa, lo habrá comprobado. Las señoras, por otra parte, deben abstenerse de utilizar vaqueros, zapatillas o prendas de deporte.

Por si fuera poco, los asistentes al Baile de la Rosa reciben una invitación en la que el código de vestido indica ir de gala o etiqueta, lo que supone en protocolo el smoking para ellos y vestido largo para ellas. Y es de nuevo Carolina de Mónaco, a través de la Fundación Princesa Gracia que ella misma preside y que organiza la gala, quien decide estos detalles. Bien es sabido que una buena anfitriona nunca debe dejar que sus invitados se sientan ni poco ni demasiado vestidos con respecto a ella. Es por tanto contradictorio que sea la misma Carolina de Mónaco la que no respete el protocolo que ella misma impone a sus invitados y asista al baile en zapatillas de deporte.

Pero llegando a la pura y dura realidad, Carolina de Mónaco -eterno ejemplo de belleza, magia y elegancia- fue al baile muy poco favorecida, de hecho más bien fea para sus estándares. Destrozó el equilibrio de su vestido largo de Chanel y la armonía de su silueta. Si el problema era un esguince, nada mejor que haberse quedado en casa o asistir con un más evidente zapato de ortopedia. No solo hay que ser princesa, sino también parecerlo.

Sí: El look es tendencia y las sneakers cuestan 3.000 euros

Carolina de Mónaco, en zapatillas, durante el Baile de la Rosa
Carolina de Mónaco, en zapatillas, durante el Baile de la Rosa

Los que se quejan del poco rigor protocolario del look de Carolina de Mónaco, 57 años, para el Baile de la Rosa, no saben lo que dicen. Lo que deberían es dar gracias a que la Princesa, de trayectoria de elegancia intachable, haya asistido a esta cena benéfica anual. Por si no lo saben, la hija mayor de Rainiero de Mónaco y Grace Kelly se está recuperando de una reciente operación de rodilla (por eso el bastón) debida a una lesión de esquí. Los que opinan que debía haber llevado tacones, es que han visto demasiadas editoriales descabelladas de Helmut Newton en la revista «Vogue», con modelos que llevan prótesis de piernas y Louboutins, al mismo tiempo.

Que quede entre nosotros, pero creo que Carolina planificó su operación rigiéndose por los tiempos de entrega de la colección de haute couture de Chanel by Karl Lagerfeld. Al ver el desfile de primavera-verano 2014, plagado de trajes largos combinados con zapatillas de deporte a juego, pensó «esta es la mía», porque podría llevar el «total look» de la pasarela en sus compromisos primaverales. Denominarlas simplemente como «zapas», es un sacrilegio «fashionista»Estas «sneakers» de lujo son una obra de costura. Lejos de llevar una etiqueta «made in China», están minuciosamente confeccionadas en los «ateliers» (talleres) de Massaro en París, donde las costureras invierten 30 horas de trabajo en cada par. Elaboradas bajo encargo y a medida, cuestan desde 3.000 euros, dependiendo del tejido, que puede ser tweed, pero también encaje o tul bordado (igualito que las Nike de «running» que usamos para correr en la cinta del gimnasio). Por lo tanto, Carolina está contribuyendo directamente al bienestar de la economía europea y a la supervivencia de los artesanos locales. ¿Cuántos zapatos de los que se consideran conforme al protocolo pueden decir lo mismo?

Los que se escandalizan con el calzado de la Princesa son los mismos que se declaran detractores del chándal, que no conciben que se usenlas palabras «jogging» y «lujo» en una misma frase. Que se preparen entonces para este otoño-invierno, cuando se ponga a la venta la colección de Chanel con leggings agujereados a conciencia y pantalones estilo chándal, además de las zapatillas

Abc.es

Anuncios

No hay comentarios

Deja un comentario