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Los santones tienen un lugar en la historia y no se mezclan en asuntos terrenales y menos que tengan que ver con el egoísmo humano
Los santones tienen un lugar en la historia y no se mezclan en asuntos terrenales y menos que tengan que ver con el egoísmo humano

Olvidémosnos del ruido que están haciendo los seguidores de Leonel por orden del One y analicemos la situación con objetividad. Leonel Fernández tiene minoría en el PLD, en el Comité Político que es el que cuenta y también en el Comité Central. Tiene además el 60 por ciento de voto de rechazo antes que Quirino hablase y ningún sondeo de opinión de los publicados que no estuviese encargado y patrocinado por los seguidores de Leonel Fernández, le daba como vencedor absoluto en primera vuelta. De hecho todas encuestas ponían duda que pudiera hacerlo en segunda vuelta, pues la posición emergente de Guillermo Moreno y Luis Abinader  hacían peligrar la victoria final.

Son hechos objetivos e incuestionables. ¿Por qué se lanza al ruedo Leonel Fernández sabiendo que es rechazado por un amplio –mayoritario- sector del pueblo dominicano. ¿El orgulloso, racista y xenófobo Fernández estaría dispuesto a gobernar sin contar con el favor del pueblo? Abrahan Lincoln dejó dicho: «Ningún hombre es demasiado bueno para gobernar a otro sin su consentimiento». No hay duda que Leonel Fernández tiene una altísima consideración de si mismo y es posible que se considere el hombre más importante parido en la República Dominicana, pero seguramente no desconocerá el valor de la frase de marras.

Es cierto que Leonel Fernández tiene un poder minoritario en el PLD que puede truncar los deseos mayoritarios del pueblo dominicano, pero también es cierto que dar es paso, seguramente fatídico para el PLD, supondría  acabar de manera abrupta y desdichada un carrera política que fue brillante en el consentimiento de la corrupción del Estado, en algunas obras megalómanas y poco más. Un hombre que va de culto por la vida, si es coherente con el significado de la palabra educación, no podrá negar que retrasó el desarrollo del país al menos en 20 años, condenando al pueblo a una  educación propia de la cola del tercer mundo.

Dicho esto que son datos objetivos y mensurables no como el PIB o el índice de precios al consumo que nos suministra el Banco Central, cabe preguntarse, ¿Leonel Fernández se volvió loco? En absoluto. En un estilo propio, en el que juega con las ilusiones de las personas, Leonel Fernández está luchando por una cuota de poder que no tiene y que los danilistas no están dispuestos a ceder. Como no tiene más recurso y defensa que algunos vicinitos guiados por el interés crematístico, salió a la calle a agitar el espantapájaros de la presentación a la nominación como si fuera eficaz

El PLD tiene ante si la oportunidad de colocar en el sitio que le corresponde a los santones y a los bufones. Cuando primero lo haga antes adquirirá el marchamo social de partido serio. La presidencia de Leonel Fernández está dejando al partido fundado por Juan Bosch a la altura de la pupu. No sólo con palabras sino también con hechos. Olvidarse del principio físico que a toda acción le corresponde una reacción suele conducir a errores fatídicos.

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