Compartir

Las prostitutas de Playa de Palma denunciaron los malos tratos que sufrían del propietario. Eran obligadas incluso a acostarse con sus clientes sin preservativo

El American Table Dance, uno de los clubes de la Playa de Palma, presuntamente implicado en la trama.
El American Table Dance, uno de los clubes de la Playa de Palma, presuntamente implicado en la trama.

“Déspota”, “agresivo” y “poderoso”. Son tres de los calificativos con los que las prostitutas de los clubes de alterne presuntamente implicados en la trama de corrupción de la Playa de Palma describen al empresario imputado. M. P. mantenía relaciones sexuales diarias con alguna de las chicas y tenía, además, el privilegio de ser el primero en hacerlo en el caso de las menores. En sus declaraciones como testigos protegidos, las jóvenes denunciaron agresiones, trato vejatorio e incluso que eran obligadas a tener sexo con sus clientes sin preservativo.

“M. tiene muchísimo poder con la policía y mucha gente cree que nos puede hacer algo”, aseguraba frente a la policía judicial una de las chicas. No quería que su nombre, ni siquiera su firma, aparecieran en los papeles oficiales del caso. Todas pidieron declarar en calidad de testigo protegido. Habían presenciado, o sufrido, “agresiones” por parte del empresario durante los años en que habían trabajado para él en alguno de los clubes de la Playa de Palma. Cuando hizo del sexo con ellas no sólo un negocio, sino también un arma.

“Cuando ve a alguna chica borracha se aprovecha de ella. La lleva a la habitación para mantener relaciones sexuales. También sin estar borrachas”, relató una de las jóvenes. Una de sus compañeras fue incluso más allá: “Todos los días tiene sexo con alguna chica del club”. Un sistema que M. P. desarrolló para coaccionarlas a la hora de conseguir papeles o de, simplemente, bailar en la barra americana para ganar un suplemento de 35 euros más por noche. “Nos ponía como condición tener relaciones sexuales con él”, subrayaban.

Uno de los casos más flagrantes fue el de una joven rumana que entró a trabajar en el local siendo menor. “En el club había muchas más. M. P. era el primero que se acostaba con ellas. Su delicia eran las menores nuevas”, llegó a afirmar durante su declaración. La chica pensó que podría ganar dinero sólo bailando y bebiendo con los clientes. Algo que el empresario “no consentía” y por lo que llegó a despedirla aún siendo menor. Ella, que no tenía permiso de trabajo ni dinero, y que tenía que mantener a un hijo en su país, se vio “obligada” a acostarse con otros hombres.

Las coacciones sexuales a las prostitutas fueron, también, la moneda con la que pagó los presuntos favores de policías y políticos. “Recibí y cumplí la orden de acostarme con policías”, reconoció una. “Como estáis sin papeles, tenéis que portaros bien”, aseguran que les advertía. Eso incluía mantener relaciones sexuales con quien se lo pidiera, “incluso sin preservativo”.

“Éste era el método de M., dar chicas a los cargos que interesaban sin pagar”, sentenciaron las jóvenes. En aquellas orgías con cargos públicos sólo participaban “chicas de confianza” con la idea de que establecieran una asiduidad con los políticos. Ellos no pagaban nunca, invitaba el empresario. Ellas tenían la orden de tratarlos “muy bien” pese a que les racaneaba el pago de sus servicios. En una de las fiestas una chica se acostó con tres hombres; pensaba que ganaría 300 euros por cliente, pero él sólo le pagó 400 euros en total.

En el club sus condiciones no eran mucho mejores. Según el relato de una de las chicas, a todas les hacía contrato como animadoras, bailarinas o personal de limpieza, aunque ellas pagaban sus propias cuotas de la Seguridad Social y cualquier otro gasto derivado del papeleo. Su salario iba de los 10 a los 35 euros al día, aunque en las nóminas, afirman, nunca aparecían las horas reales de trabajo ni el sueldo final. A esa cantidad fija se sumaba un porcentaje en función de los clientes que tuvieran: el 50% de las copas a las que les invitaran y otro 50% -que cobraban en un sobre al día siguiente- por los servicios sexuales prestados. El resto iba para la empresa.

Su trato “déspota” le llevaba a sancionar a las chicas con multas por no respetar, fuera de su turno de trabajo, las condiciones que él imponía, como las horas de sueño o las compañías a frecuentar. “A veces por llegar cinco minutos tarde nos quitaba el sueldo fijo del día”, explicó una. Pero sus vejaciones eran mayores: “Continuos gritos e insultos”, empujones y agarrones del pelo eran frecuentes en sus locales. “Nos trataba con más dureza cuando no teníamos papeles”, señalaban. Época en la que las extorsionaba, incluso, con el alquiler de las casas en las que ellas vivían y que eran de su propiedad. “No podía tener otro piso que el que me alquilaba él, así que me vi obligada a acostarme con hombres”, confesó una. Salir del club era casi imposible.

 

‘Ten cuidado con ellas porque pueden hablar’

La forma en que M. P. trataba a las prostitutas era conocida por los habituales de sus locales. De hecho, según el testimonio de una de las chicas, los gritos, los insultos e incluso alguna agresión tuvieron como objetivo también al encargado de uno de los clubs. “Ten cuidado que las chicas pueden contar cosas a la policía”, le había llegado a advertir al empresario un familiar que, al parecer, era también agente de la Guardia Civil. Hasta que la advertencia acabó por convertirse en realidad y varias de sus trabajadoras declararon contra él como testigos protegidos en el caso. En los últimos meses antes de su estallido, su ‘malestar’ no se dirigía únicamente contra ellas. “Últimamente está enfadado porque ya no le avisa la policía cuando van los controles y ya no quiere pagar más las habitaciones”, afirmó una chica.

Elmundo.es

Anuncios

No hay comentarios

Deja un comentario