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CORINA SIEMPRE LISTA. Tres disparos, uno  a bocajarro en el estómago y heridas en la cara, aunque los asaltadores fueran sádicos –adjetivo que el ínclito mayor general Manuel Elpido Castro Castillo no les atribuyó a los presuntos asesinos, de los cuales uno estaba en la cárcel-, no guarda lógica con el modo de actuar de los asaltadores de caminos, como tampoco que no hayan dejado el cadáver en el lugar donde el dieron muerte.

olivoEn realidad nada de lo dicho por la Policía Nacional tiene sentido.  Los hechos demuestran que fueron por el periodista y que lo torturaron. Querían algo que tenía además de los chelis y otros bienes que pudiera portar.  Es un caso muy parecido al de Victoriano Santos Hilario en Cotuí.  ¿Por qué no se investigó en qué estaba trabajando el periodista? ¿Se buscó la existencia de móvil entre los enemigos que todo periodista comprometido tiene?  ¿Había recibido amenazas de muerte por sus trabajos de investigación? Si la Policía se adentró en el terreno profesional de Blas Olivo y encontró algo que no conviene la ciudadanía sepa, como quizá ocurrió en el caso del viceministro de Energía y Minas aspirante a la golosa Alcaldía de Cotuí, nunca lo sabremos.

La Policía Nacional del hombre de los mil uniformes hechos a la medida prefiere pasar por tonta e ignota que descubrir los hallazgos. En caso del ex fiscal metido a político, los familiares pronto se resignaron y si bien puede que no hayan aceptado la versión oficial, las desavenencias con la investigación las enterraron con los deudos.  Igual terminará sucediendo con el caso de Blas Olivo. Nadie se cree la versión oficial pero no hay otra. Los asesinos del periodista puede que sean los apuntados por el jefe supremo de los uniformados, pero el móvil es el que no cuadra aunque en el cuartel general lo peguen con cola –cemento- de contacto.

Los ladrones no suelen ser sádicos y los sádicos –que los hay- no suelen ser ladrones. Amigos de lo ajeno hay muchos en el país. Asesinos por encargo también hay bastantes, pero en ninguno de los casos de sicariato conocidos y divulgados por la Policía Nacional, se recuerda que se haya dado la nota de sadismo. En realidad en el caso de Blas Olivo parece que le estuvieran disparando con la intención de arrancarle algún secreto.

A tenor de lo dicho por la Policía Nacional nunca lo sabremos. Como tampoco el nombre del propietario del residencial del ensanche Ysabelita donde los dican y fiscales sacaron 950 kilos de cocaína de gran pureza.

 

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