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policianychiquitoREDACCION. El director del Diario Libre nos suele dejar cada dos días artículos de obligada lectura aunque no de aceptación obligada. El último fue sobre la conspiración -entre interrogantes- dentro de la Policía Nacional para mover el asiento  al jefe que llevaba más de dos años luciendo el careto a diario –y lo que colea- en los medios, creando un clima de delincuencia superior al habitual, para que Danilo lo incluyese en la lista de deshechos, como así sucedió con Manuel Elpidio Castro Castillo. Podemos estar de acuerdo en el fondo pero no encaja la forma.  Los militares como los políticos no le mueven la silla a otro por disfrutar de la erótica del poder que es más bien limitada aunque pueda parecer omnímoda. Es por el beneficio económico que reporta estar en el fregao, más que en poder decir tú para allí, tú para acá sin beneficio alguno. Si ya hace años los puestos de mando se cotizaban a más de un millón -¿quién puede tener interés en estar destinado en Dajabón? -en la frontera, seguro que no se paga menos. ¿Cuál puede ser el botín para quién asigna destinos?   Con el sueldo incluso con los complementos y gabelas, no da para tener varias casas, hijos gastizos y querindongas pidionas. La corrupción en los uniformados es superior a la de la clase política.  Todos lo sabemos pero nadie mueve un dedo por evitarlo.  La delincuencia en el país no necesita se invente ni se fuerce. Es real. Pudiera darse el caso que los rasos barruntando cambios en la cúpula, hayan decidido  trabajar pensando en su beneficio, pero entonces lo que procede es mano dura. ¡Qué país! 

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