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fda-approves-new-plan-b-guidelinesQUINI CANDELA. A juzgar por el bombo que le estuvieron dando al presidente de la Junta Central Electoral los medios de comunicación impresos y por simpatía algunos digitales –quizá la excepción haya sido el elobservadorcritico.com-, mister Cronograma se nos presentaba ante los ojos de criollos como un buen gestor, en realidad como el mejor, por una maquinaria engrasada, muy engrasada por la publicidad de la JCE pagada a precio de tarifa –suelen hacerse bonificaciones del 70 por ciento aunque no es el caso-  y como el cacique taíno que se paseaba con el botafuneiro (incensario) gigante, similar al de la catedral Santiago, aunque despidiendo un olor nauseabundo y protagónico que no se corresponde con la labor de un arbitro del que no se recuerda su nombre pasado un par de semanas.

Este digital no entró en esa dinámica. Dio su opinión sobre ese personajillo todo testiculitis, amparado en dos acólitos  capaces de contestar en latín aunque desconozcan la lengua muerta de los romanos  y proteccionismo antes mentado. De no ser el verso suelto del pleno de la Junta Eddy Olivares, auténtica piedra en el zapato de mister Cronograma no nos hubiéramos enterado de casi nada, porque el émulo de cacique taino actuó siempre como el rey Sol y su el Estado soy yo.

La Junta Central Electoral es un organismo autónomo que no tiene que rendir cuentas ni siquiera del dinero que el Estado le entrega –sentencia del tribunal Constitucional que deja en desamparo al Estado y por ende a los dominicanos- para que los administre con la cautela de un buen padre de familia, pero es dependiente –como todos los poderes del Estado- de quien los nombra. Para rendir cuentas no, pero acatar sugerencias y presiones partidistas sí.

Ante el reclamo de una parte de los partidos políticos y también de la sociedad civil, de nuevo la testosterona sale a relucir y el pleno de la JCE, sin explicación alguna, decide realizar el conteo manual de votos  en las elecciones presidenciales, pero no en las congresuales ni municipales, aduciendo que no hay tiempo para montar la infraestructura que requiere el conteo manual.

Mister Cronograma se pasa por el arco del triunfo –hasta el momento- la ley Electoral, elimina el control de validación del escrutinio en los comicios más difíciles y vuelve a tener el control sobre los resultados presidenciales. El conteo electrónico nunca va fallar. Siempre se ajustará al salido de las actas de grado o por la fuerza. Además. El margen de diferencia previsto entre Danilo Medina y Luis Abinader es tan amplio, que cincuenta mil votos en más o menos no harán variar el signo de la elección.

El país parece confabulado con la duda del fraude y la legalidad porque no supo o no quiso ver qué se le  venía encima. Un gestor incluso de medio pelo que tira con pólvora ajena y sin dar cuentas a nadie, tiene preparado un plan B o de contingencias. Mister Cronograma además de querer imponer un sistema en contra de ley, cuando se le acabaron las excusas, no tuvo más remedio que poner en almonada su calidad como gestor trasluciendo que no tiene plan B.

Los aplaudidores con beneficios se quedaron sin argumentos.

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