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La institucionalidad se construye entre todos, pero nunca sobre la arbitrariedad personal y en contra de ley
La institucionalidad se construye entre todos, pero nunca sobre la arbitrariedad personal y en contra de ley
La institucionalidad se construye entre todos, pero nunca sobre la arbitrariedad personal y en contra de ley

QUINI CANDELA. La vida política dominicana tiene más letra pequeña que los contratos de prestación de servicios o de créditos bancarios. Danilo Medina descubrió ante los observadores internacionales que tenían razón quienes pedían el conteo manual, aduciendo que “las culturas de los pueblos no se cambian de la noche a la mañana”, aunque en su exposición expresó otras razones prácticas que son las reales, coincidentes con lo expresado en este digital. “Si un partido o candidato quisiera objetar los resultados de las elecciones de una mesa y sólo tiene el electrónico, cómo puede apoyar sus argumentos”. Ése y no otro es quid de la cuestión.

Se explica que Danilo Medina fuese otro de los atrapados en una falsa institucionalidad. La Junta Central Electoral cometió una serie de errores básicos al intentar implantar un el conteo electrónico sin modificar la ley electoral fue el primero en el tiempo, al que luego le siguieron la negativa a validar los aparatos y el software –del que otro día hablaremos-, la oposición a que se hiciera un conteo manual en el diez por ciento de los colegios como pedía Participación Ciudadana, también cuando mister Cronograma se sacó del la manga hacer el conteo del quince por ciento de los colegios, pero seleccionados por la Junta y en las juntas locales y por personal de la Junta. Tampoco estuvo atinado el presidente al no dar explicaciones del encaje del conteo electrónico en la ley 275/97, cuando el artículo 127 y siguientes especifica cómo se ha de hacer el escrutinio.

La Junta Central Electoral hizo de las elecciones un rosario de despropósitos, algunos en contra de ley, que hacía imposible el necesario aporte institucional. Sin embargo Danilo Medina nadó entre dos aguas cuando  era necesaria una respuesta contundente en contra de quienes pretendían imponer su decisión por encima de la ley. No obstante, el presidente Danilo y cabeza principal del PLD con el permiso de Leonel Fernández, se aseguró que las elecciones presidenciales tuvieran conteo manual y como supletorio el electrónico.

Fue la letra pequeña que el orgulloso y dictatorial presidente de la Junta Central Electoral –tampoco dio explicación alguna del motivo de sacar un nivel y no todos- tuvo que tragar para asegurarse la neutralidad del presidente Medina y del PLD, y de paso, intentar aplacar las iras de los aspirantes a presidente. Más letra pequeña aceptada por parte de quien se presenta ante la sociedad como un ser refractario a las presiones.

Al país en general le falta transparencia en sus actos, le sobran apoyos a la institucionalidad mal entendida y tiene demasiados personajillos con ínfulas caciquiles que piensan que su gestión está por encima de la ley. Quizá porque la constitución no está bien perfilada en este aspecto,  sucedieron los lamentables hechos, pero la sociedad civil no puede hacer también cómplice de ellos.

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