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3105733684_93cf0da493_zEDITORIAL. La República Dominicana, Danilo y Andrés, sacaron adelante por unanimidad el desagravio de la OEA por haber sancionado la invasión americana de abril de 1965, escenificada en el transcurso de la XLVI asamblea ordinaria de la OEA, aunque en realidad estaba pactada desde mucho tiempo antes, porque Luis Almagro ya había fijado posición a favor, y un político de la talla del secretario general no se columpia sino es con red de seguridad.

Lo conseguido por el país es algo así como si nos atracan en plena calle y exigimos al buhonero de la esquina que nos pida perdón por no haber impedido el atraco. A quién había que pedirle el acto de desagravio era a Estados Unidos de América del Norte, también miembro de la OEA, que unilateralmente y en beneficio de su política exterior en plena guerra fría de bloques, quiso frenar la posible instauración de un gobierno bis de Cuba en el país.

La OEA es la Organización de Estados Americanos pero no nos engañemos, todos los países se ponen de perfil a la espera de las sugerencias del Tío Sam. La resolución fue aprobada por unanimidad, lo que implica la aquiescencia de Barack Obama porque en ningún momento se condena la invasión ordenada por Lyndon Johnson y tampoco la OEA insta a los Estados Unidos de América del Norte a que condene el acto bélico.

En realidad la declaración de desagravio es nada con soda que seguramente contentará al gobierno, al PLD y algunos exégetas que ensalzarán el triunfo político de Danilo Medina.

La secretaria adjunta del Departamento de Estado, Mari Carmen Aponte parece dar por agotado el tema con el aporte de la OEA, porque –no lo dice textualmente aunque si se puede interpretar en el contexto- las relaciones entre los dos países son excelentes y fuertes y no es caso de crear tensiones que puedan derivar en fricciones en las relaciones comerciales.

Como la exigencia de perdón del buhonero mientras los autores del atraco siguen libres y sin atisbo de pedir perdón.  Es el éxito de la diplomacia dominicana.

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