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CRyJBosUAAAd_WZREDACCIÓN. Frank Kelin Holguín Medina fue condenado –quizá bien sentenciado por un acto de terrorismo que no lo fue, a 35 años de cárcel, porque la fiscalía así le apeteció tipificarlo y el tribunal tragó –como casi siempre se inclina a favor del ministerio público, olvidando en el principio universal in dubio pro reo- y aplicó una legislación que no correspondía. Aquí se dijo, el atentado del Metro no tenía las connotaciones terroristas universalmente aceptadas por los ordenamientos jurídicos del mundo incluido el dominicano. Sin embargo fue juzgado y condenado. Que haya sido condenado parece lógico porque hay muchos testigos que lo identifican, pero no como un acto terrorista. Se supone que el recurso presentado por el abogado del condenado y aceptado por el tribunal juzgador irá en esa dirección. En el juicio primario ahora recurrido no quedó demostrado que fuera un acto terrorista porque ni siquiera quedó determinado el móvil, lo que nunca sucede cuando el terrorismo está en el medio. Sin la calificación asignada por la Fiscalía y rubricada por el cuarto Tribunal del Distrito Nacional, la sentencia es más benigna dentro de la gravedad. Lo sustantivo no es rebajar la condena –aunque para  Frank Kelin al fin y a la postre si cuenta- es saber si en el país se cometió el primer acto de terrorismo como propuso –sin ninguna prueba, pues ni siquiera se conoce el explosivo utilizado ni el móvil- la Fiscalía y como aceptó el tribunal, o por el contrario es un acto de delincuencia común. ¡Qué país!

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