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av37s8EDITORIAL. El país da la sensación que está apagado, en stand bye a la espera que se dé el pistoletazo de salida al nuevo gobierno. Sólo los dos nombramientos más cuestionados – el canciller y el procurador- están moviendo ficha. También lo hizo Andrés Navarro, pero el resto del gobierno -19 ministerios- siguen como si no existiesen para el Estado. Ni siquiera se dio una rendición de cuentas de la situación que se encontraron y de la que parten, además de explicitar aunque sea en líneas generales la futura actuación.

La ciudadanía tiene derecho a saber qué función cumple cada ministerio, cuánto dinero cuesta al erario, cuánto personal tiene  y  qué hizo en la pasada legislatura. Si el presidente hace una tediosa exposición anual de gestión denominada rendición de cuentas, que los ministros hagan lo propio una vez cada cuatro años o cuando cumplan el ciclo, debería ser una obligación no una petición.

El Estado nos come.  Ente el organigrama desmesurado por mor de las corruptelas y el pago de la deuda contraída estamos en una espiral sin salida que nos impide percibir el progreso por muchos números macroeconómicos que nos arrojen a la cara. Un país de apenas diez millones de habitantes tiene veintidós ministerios, mientras que Francia resuelve la magnitud del Estado con 12, España con 13, Alemania con 14, Italia con 18 y Estados Unidos de América del Norte con 16 secretarios de Estado.

Si a pesar del número no rinden cuentas de la gestión en ningún momento, es difícil saber si la organización del Estado resulta acorde con las necesidades del país o por el contrario es un gasto sin compensación.

Para poder sobrevivir la República Dominicana tiene que redimensionar el Estado. Los números macroeconómicos se obtienen del empleo, el consumo y el gasto. La desaparición por ejemplo de 300.000 funcionario y de doce ministerios, supondría un ahorro impresionante, pero las cifras macro no serían las actuales. No es fácil en el supuesto que existiera voluntad de recortar gastos, meter la tijera sin causar daño a la imagen del país que no podría lucir los datos que les gustan.

El mercado laboral privado no está en disposición de digerir el sobrante y como consecuencia del descenso de empleo, llegaría también los despidos al sector privado, con que el país entraría en recesión, sino fuera por la incidencia del comercio ilícito de droga.

Si no es fácil invertir la dinámica económica sin traumas, al menos deberíamos saber qué hacen los ministerios además de pasar el tiempo y malgastar el dinero público. La atonía gubernamental que estamos viviendo es inaceptable.

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