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CORINA SIEMPRE LISTA. No es la primera vez que aparecen en los medios historias de conventos de contenido sexual. En realidad a lo largo de la historia siempre las hubo porque los protagonistas intramuros son hombres y mujeres, consagrados a dios pero quizá no entienden que también tienen que entregarle los instintos animales, porque en algún momento alguien dijo que había que hacer votos de castidad, como si fuera comparable a la pobreza o la honradez.

58En Italia dos monjas, una italiana y otra sudamericana, de 44 y 40 años de edad, decidieron colgar los hábitos y casarse en una ceremonia civil con la participación de un ex cura que le dio el toque religioso a la ceremonia laica, porque según ellas, detestan el fariseísmo que circula por los conventos. De su boca salió –está publicado en una entrevista que les hizo La Repubblica- que ambas rechazaron un consejo que se escucha a menudo en los conventos, el de vivir juntas como hermanas: “basta que no digaís nada y no provoquéis escándalo”, si bien consideraron que ese modo de actuar como “una vía cómoda  y falsa”, que seguramente practicaron durante algún tiempo, porque ambas religiosas se conocieron veinte años atrás al iniciar el noviciado atendiendo las necesidades en Guinea Bissau.

Siguen en su relato: “Hay muchos casos como estos: sacerdotes y religiosas que viven clandestinamente sus relaciones con hombres y mujeres. Pero en el Evangelio, Jesús condena la hipocresía, no a los homosexuales. Y por eso hemos decidido dejar la vida religiosa y emprender un camino de libertad, fe y serenidad, sin escándalo”, recordaron

Las monjas en cuestión que quieren mantener la identidad porque son conscientes de las dificultades que les puede traer el hecho y las revelaciones que hicieron en la entrevista, esbozaron el mundo en que se van a encontrar: “Dejar el hábito religioso significa hallarse de un día para otro en la condición de quien no sabe cómo juntar comida y cena, encontrar un trabajo, sin ayudas ni pensiones. Quien sale del convento, en vez de ser ayudado a reinsertarse en la sociedad, es abandonado”.

Ambas tuvieron el valor de dar el paso adelante, abandonar la comodidad de una vida metódica y sin sobresaltos para evitar que triunfase la hipocresía ancestral que se vive en las comunidades religiosas. Es imposible que la Curia Romana no sepa qué sucede en los conventos, congregaciones  o comunidades –como sucede en los cuarteles- porque antes de instalarse en las alturas del Vaticano, tuvieron que pasar por los distintos estadios –al igual que los militares- y ver incluso a las monjas y curas lo que sucede por igual en las vidas militar y ascético.

Sin embargo hasta que no llegó Francisco I al Pontificado no se empezó a hablar en la iglesia católica de eliminar el celibato sacerdotal –es de su poner que las monjas recibirían igual trato- cuando van muchos siglos tapando y en cierta manera fomentando la homosexualidad porque a penas tiene transcendencia visual fuera de la comunidad religiosa.

La iglesia católica es hipócrita. Cuando les preguntas a los curas que viven en la calle, que hacen apostolado entre los jóvenes, siempre rodeado de chicas, cómo es posible que puedan reprimir los instintos sexuales, la respuesta es que en el seminario los entrenan para domeñar los instintos animales. No parece que el resultado sea general pues como las ex monjas casadas denuncian, en los conventos se fornica pero con discreción.

Hasta los obispos –recientementede Mallorca (España) fue secularizado por llevar una conducta inhabitual en un sacerdote con una colaboradora- le daban a la coyunda. ¡Qué hipocresía!

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