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Cuando se pretende liberar a las vacas sagradas de la acusación de soborno, se cometen errores en la imputación de la acusación, ya que alguien tiene que cargar con la culpa, porque en este caso es un hecho que Odebrecht entregó al menos noventa y dos millones de dólares en coimas y Ángel Rondón declaró haberlo recibido. Se supone que entre los acusados se repartieron las coimas, aunque seguramente no en partes alícuotas.  El expediente que Jean Alain Rodríguez califica de completo y objetivo, seguramente no aportará las cantidades mordidas por cada uno de los acusados, porque tal y como llevó la instrucción, a El Observador le parece imposible de determinar. Aunque en el país se acusa por igual de asesinato al  que aprieta el gatillo y el que estaba al lado, no puede tener la misma consideración el que recibió un peso y quien se benefició de cien millones. Es pues importante conocer las cantidades recibidas.

La labor del procurador general de la República en este caso consistió en alejar toda sombra de corrupción que pudiera afectar a Danilo Medina y al PLD, no de encontrar la verdad, aunque diga que presenta 1,700 acusaciones contra los imputados. La historia comenzó con el acuerdo entre Odebrecht y la PEPCA, sancionado por un juez amante de la institucionalidad. No hay ni un solo dato que justifique el acuerdo. La República Dominicana no obtuvo ningún beneficio, mientras que los directivos de Odebrecht se libraron de ser acusados y también la empresa.

Había que evitar que los directivos tuvieran la tentación al verse presionados en el estrado de insinuar que el nombre algunas de las muchas vacas sagradas del PLD pudieran salir a relucir en el juicio de fondo. Esa vía está ominosamente tapada para ignominia del procurador.

Sin embargo a punto estuvo Temístocles Montás de echar por tierra todo el trabajo de enlodar el camino para difuminar todo rastro que permitiera llegar a Leonel, Danilo, Reinaldo… El bueno de Temo en las medidas de coerción reconoció que había recibido dinero de Ángel Rondón Rijo, pero que no fue para él, sino para financiar las campañas políticas del PLD.  Cuando el procurador leyó las declaraciones del entonces ministro, se le cayó el alma a los zapatos. Había que sacar por la vía rápida a Montás. No podía arriesgarse a que en su defensa arguyera lo que ya declaró en sede judicial.

Si estuviéramos ante una instrucción sería, responsable y veraz, el procurador al escuchar la defensa del miembro del Comité Político, debía de haber cambiado el sentido del informe para centrarse en la corrupción del PLD. Pero como estamos en un país corrupto hasta la náusea, el procurador siguió adelante con la pantomima desumario, aunque dejó fuera del mismo además de Temo, a los miembros del Comité Político. Acusarlos en el juicio de fondo y si fueran acusados de recibir coimas como espera la PEPCA, supondría que en el Comité Político del PLD tendrían asiento condenados por corrupción de Odebrecht.

La fórmula eficaz en este caso es matar al perro para acabar con la rabia. Sin embargo el germen de la duda está en la sociedad con más nombres propios, aunque no estén en el sumario. Quizá Jean Alain Rodríguez consiga el propósito ordenado, pero no logrará borrar las consideraciones que la ciudadanía tiene al respecto.

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