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HERMÓGENES CAXAMALLOR. El ministerio público terminó la lectura de cargos contra lo siete acusados. Si antes apuntó directamente a Ángel Rondón Rijo, el cierre de la exposición fue con otro peso pesado, perejil de todas las salsas donde estaba Odebrech. La acusación se cansó de aportar indicios, suposiciones o sospechas que Dáz Rúa pudo beneficiarse de los tejemanejes de la constructora. En realidad son muchas las coincidencias las que siguieron la trayectoria política en los gobiernos de Leonel Fernández y los chanchullos de Odebrecht, como adendas de obra inexistentes y otras zarandajas en forma de millones de dólares para la constructora, que luego según la acusación volvía a ciertos bolsillos y a partidos políticos. Que sepamos como actuó Odebrecht en otros países en los que hay mayor transparencia, nos ayuda para armar el puzle, pero no da elementos para cimentar una acusación firme. La PEPCA hizo lo que hace siempre. En lugar de investigar la pista del dinero, se dedicó a rebuscar en la instrucción de Brasil y en las delaciones, nombres –algunos, no todos- que aparecían para cargarles el mochuelo, sin que existan pruebas fehacientes que lo dicho en la instrucción y en las confesiones premiadas fuera cierto. Sobre esa base difusa y pantanosa, la acusación tomó el rábano por las hojas y acusó a quién le dio la gana, a sabiendas que encontraría incrementos desmesurados en su patrimonio reflejados en la declaración voluntaria. Todos los políticos dominicanos sin excepción –presentes y pasados- incrementaron su hacienda. Como no todos los acusados podían demostrar los aumentos patrimoniales, una Procuraduría poco hábil imputa el incremento de dinero al soborno de Odebrecht. ¿Acaso no puede ser de un tío en América o de sobornos de otra índole? El ministerio público pretendió dar un giro a la acusación, descargando la probatoria en el acusado, cuando es en este caso la PEPCA quién tiene que demostrar que el incremento de capital se debe a las aportaciones de Odebrecht. En la mayoría de los casos no lo puede hacer porque no hay pistas ni mucho menos pruebas que el dinero salido de Odebrecht vía Ángel Rondón haya ido a parar a tal o cual acusado. Puede que el juez Ortega Polanco “trague” todo lo que le echen y mande a los siete a juicio de fondo, pero la sala segunda y su presidenta, seguramente no tendrá tantas tragaderas. Un viejo letrado suele decir que en un pleito no es suficiente con tener razón, hay que demostrarlo y luego que te la den, No parece que la acusación lo haya conseguido.

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