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Parece de ser cierto el dato, Hipólito Mejía le robó la cartera a Luis Abinader delante de sus narices. Si se confirma que el setenta por ciento del censo del PRM fue inscrito con la intervención del ex presidente ante unas primarias con padrón propio, cualquier rival tendrá que hincar la rodilla ante el agrónomo. ¿Cómo se dejó robar la cartera Luis Abinader? ¿No tuvo espías en las actividades de proselitismo de Hipólito Mejía? ¿No se enteró  que los ciudadanos inscritos en el padrón son los que votan? ¿Lo sabía desde el principio pero aunque fue puerta por puerta no consiguió más que un treinta por ciento de adeptos? Poco importa si es verdad el censo.

Alguna vez se refirió El Observador a que Hipólito Mejía es el líder del PRM y para moverse a lo  interno hay que contar con él aunque no ocupe ningún cargo institucional. En 2012 fue capaz de plantarle cara al binomio Medina-Fernández e incluso ganarle en las urnas, aunque las alianzas proclamaron  como legítimo vencedor a quien hoy todavía ocupa la presidencia. Hipólito Mejía todavía conserva tirón y en un momento en que el pueblo, a juzgar por las encuestas, está ahíto de PLD, de no salir un líder pero capaz de seducir a las masas, Hipólito puede ser un buen candidato para buscar la alternancia.

Cierto que al ex presidente le cuelga el sambenito de una mala gestión y la autoría de haber metido en la rueda a Odebrecht, aunque fue el único que explicó su gestión y a juzgar por los datos nunca rebatidos, tiene las manos limpias en lo tocante a la constructora brasileña. Danilo y Leonel no recogieron el guante que Hipólito lanzó para que hicieran lo mismo.

Abinader como candidato no tiene taras pero tampoco hizo nada. Podría presentarse ante la sociedad desnudo –como hizo al Albert Rivera factotum de CS de España- pero se nos antoja insuficiente en un país en el que la corrupción, el narcotráfico e incluso la pederastería no castiga al político, mientras no sea muy visible. Hay que trabajar más, denunciar las tropelías del poder para ganarse el derecho a ser candidato.

La Junta Central Electoral en horas bajas seguramente por méritos propios, ha decidido cortar por lo sano y prohibir los actos multitudinarios e incluso aquellos que se salgan de salones reducidos, como si fuera una reunión de amigos. Aunque tarde la JCE reaccionó a tiempo. También debería revisar la decisión del arrastre. No es lógico que los dominicanos unos sean moros y otros cristianos, cuando todos somos iguales, luego o todos moros o todos cristianos. El arrastre es bueno o es malo para los ciudadanos, pero no puede ser ambos adjetivos y a la vez.

La JCE tiene que enterrar las presiones y actuar de manera razonable. No parece que en este caso haya sido así. La prohibición de proselitismo parece que fue un buen aterrizaje.

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