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QUINI CANDELA. Salvo catástrofe de consecuencias dramáticas, el desenlace se conocerá antes del veintiséis de este mes, último día de legislatura. Aunque para el firmante de estas letras, la derogación de la prohibición está asegurada al ciento por cien y la nominación de Danilo como candidato del PLD también.

A estas alturas queda por saber si se incluirá en la reforma el aborto, el matrimonio homosexual, la unificación de fechas electorales y alguna cosilla más de segundo orden. El morbo que le queda al enfrentamiento –sin que haya constancia de un careo virulento entre ambos- de Leonel Fernández y de Danilo Medina, es saber qué pasará en el bando leonelista, una vez que se presente en el Congreso Nacional la reforma parcial de la Constitución.

¿Qué hará Leonel Fernández cuando salga adelante la modificación del texto sustantivo? ¿Al ver venir la derrota cejará en su empeño de ser presidente, rectificará el “no hay marcha atrás” y dará libertad a los diputados y senadores de su cuerda para que voten lo que quieran? ¿Forzará la mano hasta el final con ruptura en contra de lo que afirmó en múltiples ocasiones que el partido concurriría unido a las elecciones?

Derrotado y desarmado, con las mesnadas menguadas y con seguidores decepcionados, ¿qué dirección tomará el presidente del PLD? ¿Concurrirá a las primarias abiertas enfrentándose a Danilo Medina u optará por hacer mutis por el foro, al no ignorar que hoy no hay nadie capaz de vencer a Danilo Medina en la República Dominicana? ¿Leonel Fernández se echará en los brazos de los Vincho intentando explotar los dos millones largos de adhesiones que dice tener para que sea el futuro presidente? ¿Dimitirá como presidente del PLD y se refugiará en FUNGLODE mientras tenga financiación para la fundación?

Preguntas que seguramente tendrán contestación en los próximos días. Otras tendrán espera de meses pero terminará conociéndose el desenlace. Sea cual sea el resultado morboso, parece evidente que el futuro político de Leonel Fernández en el PLD está finiquitado aunque siga como afiliado. Sus ansias de poder, su afición por el “dolce far niente” (el placer de hacer nada), la displicencia hacia los dominicanos pobres, la desidia ante la corrupción y la utilización del erario para obras megalómanas, son consecuencias del rechazo de la sociedad dominicana.

Consumada la victoria del danilismo y seguramente la ruptura del partido, algunos plumíferos quieren agorar la repetición de lo que ocurrió en el PRD con el enfrentamiento entre Hipólito Mejia y Miguel Vargas Maldonado. En la modesta opinión del firmante de este comentario ambas situaciones no se parecen más que en la ruptura. Miguel Vargas Maldonado se quedó con el partido; en este caso quedaría en manos del miembro con más carisma del PLD, con mayoría absoluta en los órganos rectores del PLD y un gran ascendiente entre los peledeistas de base. El que se va es posible que ni siquiera cuente con un diez por ciento del censo del partido. Hipólito Mejía dejó en cuadro al PRD. De rozar el cincuenta por ciento de los votos de las presidenciales en que el candidato era Hipólito Mejía, a sacar en la siguientes elecciones presidenciales (2016) un raquítico seis por ciento.

El PLD es una comunidad de intereses disfrutando del poder. Es posible que la baja de afiliados sea exigua o inexistente, porque hay cientos de miles dispuestos a reemplazar las bajas. El PLD no está en peligro aunque Leonel y su séquito de palmeros peguen un portazo.

Si no fuera por el morbo…

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