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HERMÓGENES CAXAMALLOR.  El país está retrocediendo desde hace unos años. No hay duda que es así. Sin embargo no parece que estemos haciendo algo para evitarlo. En realidad estamos mirando para otro lado mientras el país regresa al pasado, en que el España se gobernaba en la calle con manifestaciones y algaradas de la izquierda, para imponer una tendencia “a petición” de la mayoría social. Este opinador de lo ajeno creía -¡qué equivocado estaba!- que habíamos adquirido la mayoría de edad democrática,  que el rumbo del país se consensuaba en los foros apropiados y no en la calle como ocurre de nuevo. Volvemos al enfrentamiento de ideología política en un período en que los partidos carecen de pensamiento cartesiano ideológico, porque los ciudadanos no se mueven en esos parámetros, aunque los manipuladores sociales –antes eran sencillamente los agitadores- están consiguiendo el objetivo de desplazar a las instituciones democráticas por el clamor agitado de la calle y fuera de madre. A los organizadores del desfile del Orgullo, imbuidos de un populismo tutelado por  la competición política a ver quién es más, la manifestación se les fue de las manos. Podrá discutirse si fue un error que Ciudadanos haya querido estar presente como partido, pero una vez que la organización del evento no lo impidió, en absoluto debió permitir las agresiones físicas y verbales de una parte de la masa social agitada por cuestiones políticas que nada tienen que ver con las reivindicaciones que el colectivo gay y demás apendices, buscan arrancar al poder legislativo. Nuestro Congreso está muy fraccionado y si el gobierno no consiguió una mayoría que le dé plácet, no lo tendrá fácil el colectivo para arrancar parte de las justas reivindicaciones. Si además los participantes en el desfile consienten que se estigmatice a Vox y a Cs por la manipulación social sin causa en la semana del Orgullo, no están precisamente ganando amigos para la causa. Cs lo era, intentó escenificar con su presencia el apoyo al colectivo pero lo echaron. ¿Seguirá pensando igual después de las agresiones?  Manuel Fraga dijo “la calle es mía” y aunque se refería a que competía a su ministerio el orden, se interpretó de diferente manera. La calle ahora más que nunca es de todos, y el colectivo que no lo interprete así no sacará nada. Buscarse enemigos no es una opción si se necesita ayuda en la Cámara de Diputados donde las mayorías no existen. Los errores nunca son gratis.

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